rosa de los vientos

En el mundo existe una rosa de los vientos capaz de dar

vida/muerte/vida.

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Y es que algunas historias empiezan así.

Érase una vez…

Un hilo carmesí que colgaba del borde de un suave y cromático tapiz de seda; al cual el viento, el aliento, el ánima —el amor— daba vida. Naufragaba bajo ingrávidos flujos caóticos, serpenteantes, enigmáticos, erráticos. El hilo permitía a esas formas ‘ser’, cobrar vida sobre su hilado cuerpo de naturaleza cambiante, grácil, liviana. Descansaba junto a la incertidumbre —semilla del no saber— y se dormía escuchando el misterio que se abría paso tras cada nueva ráfaga de viento. Norte-Este-Oeste-Sur.  Y así, en su corazón de hilo se iba trenzando la eterna danza de la rosa de los vientos, tras cada latido el devenir fragante se desprendía del movimiento libre de sus pétalos. Sólo el ojo experto podría intuir aquella caricia hecha de fugaces y éteras líneas que viven y mueren en perfecta armonía. En ocasiones la vida —el amor— le estremece, le zarandea, le libera, le acaricia, le besa, le cambía. En ocasiones la muerte le poda, le secciona, le recorta, le limpia, le cambía. Y un día el hilo se desprende del gran tapiz de seda y vuela libre en la inmensidad. Nuevas aventuras les esperan tras ignotos horizontes. Vuela, libre confiado se deja llevar mecido por la existencia.

¿Y colorín colorado este cuento se ha acabado o ha comenzado? Y algo retumba en la mente y el corazón. La vida, la muerte suceden, se desplegan y replegan tras cada instante.

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Con el paso del tiempo uno cree aprender a escuchar ese devenir constante, ese baile, ese silencio que acaece entre la tormenta y la calma, la calma y la tormenta. Entre la vida y la muerte. A veces uno se da cuenta, a veces uno se olvida. La diferencia estriba en que uno ya no se pelea con la tempestad, es cierto que el rayo y el trueno todavía asustan, que el corazón trenzado late descontroladamente ante el rugir del viento… Lo que cambía es la actitud ante la tormenta, uno ya no lucha, acepta se deja llevar allí donde la corriente arrastra así sea al mismísimo corazón del remolino. Acepta, suelta y se abre al flujo de la vida/muerte permite que la vida sea a través de su hilo, uno ya no juzga ‘ser’ ese hilo, o que lo demás sean otros hilos, uno no se aferra a lo que fue, no espera nada, no pide nada. Acepta y respeta cada trama, cada hilo, cada instante. Uno aprende a celebrar la vida y danzar la muerte.

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Y la certeza aparece tras cada ser de la trama porque todos venimos a esta vida sin bienes y desnudos, como hilos iguales formando parte de un hermoso tapiz. Llegamos sin nada y nos iremos sin nada. Y el alma se mece tras corrientes que unen miles de corazones que se tocan y que danzan en el mismo centro, latido de la creación.

Namaste.

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8 pensamientos en “rosa de los vientos

  1. Cuánta belleza!
    El Todo, la Nada y el Vacío se pueden descubrir en su totalidad observando las cosas más simples. El hilo de seda movido por el viento es una metáfora hermosísima.
    Mil gracias por compartirlo.
    Namasté.

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