el rastro del minotauro

En el laberinto, miedo,

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sigo el rastro del minotauro, desorientada,

sigo huellas marchitas tras pasos añejos.

¿Cuántas veces mis avezados pies,

habrán pisado éstos mismos adoquines?

Miro mis manos baldías buscando el hilo dorado,

la guía que me lleve al corazón,

al encuentro con la bestia.

Cansada me paro,

mi mente empieza a hilbanar palabras que leí…

Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando

 también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos  quietos, nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás lo que ocurre a continuación.

Y respiro, me paro, detengo el movimiento.

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Confío.

Pacientemente, yazgo inmóvil en el borde del camino.

Sentada, espero la llegada del minotauro.

La semilla de la luz brilla en la más absoluta lobreguez.

La oscura simiente emerge de la luminosidad.

Observo mis temores.

Me entrego a la noche oscura del alma.

 Mi corazón aguarda a la bestia.

En el laberinto, miedo,

sigo el rastro del minotauro, desorientada,

sigo huellas marchitas tras pasos añejos.

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