True blood

Sangre.

Hay algo hipnótico en ella.

El color,

la textura.

Perlas rojas que se deslizan ingrávidas.

Me relajan.

Siento un placer narcótico.

Miro la herida,

y la paladeo.

Salina.

Me quedo fija observando su gorgoteo incesante.

No puedo evitar mirar.

Me quedo clavada.

 Irresistible,

atrayente.

En vano resisto,

ya estoy bajo su influjo.

Observo el peso,

de su gravedad inductiva.

Efluvios invisibles,

se materializan.

Me atraen.

Observo el efecto morboso.

Miro mi cuerpo.

¿Cúantos litros recorriendo capilares y venas?

Busco en internet.

Aproximadamente entre 5 litros de media.

¡5 litros!

Respiro hondo.

Y miro la herida.

Ya no sangra.

Un fluido transparente retiene su fuga.

Y tomo tierra.

Me arraigo.

Siento el suelo bajo mis pies.

Y de repente, su magnetismo desaparece.

Y tan solo quedamos:

la herida,

la sangre,

yo.

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