Maya

«Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transfroma» Carl G. Jung

«Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transfroma» Carl G. Jung

¿Aprendo de los hechos desagradables que me suceden?

¿Puedo darme cuenta de qué situaciones se repiten?

Personas, sucesos, patrones…

¿Vuelvo a caer tras la misma piedra?

¿Qué estructuras no estoy soltando?

¿Temor a soltar mi estructura?

A la des-estructuración.

¿Reconozco esa fuerza que me impulsa a trascender viejas fases de mí vida y me conduce a explorar nuevos recursos?

¿Veo cómo estás situaciones me impulsan a crecer y evolucionar?

Hay un viejo mito que habla de la transformación y la des-estructura

Inanna es una diosa vivaz, brillante y jubilosa, y reina en los cielos, en tanto que su hermana Ereshkigal es la señora del “gran lugar de abajo”, la diosa de las sombras.

El marido de Ereshkigal acaba de morir, e Inanna decide descender al mundo subterráneo para asistir a su funeral. No obstante, Ereshkigal la recibe con una mirada fría y ponzoñosa y somete a Inanna al mismo sufrimiento que deben pasar todas las almas que ingresan en los dominios oscuros.

Hay siete entradas o portales que conducen al mundo oculto y, en cada uno de ellos, todo el que lo atraviese ha de deshacerse de una prenda o joya. De esta forma, Inanna, radiante en su vestimenta, ha de ir quitándose túnicas, capas, joyas en el proceso, de manera que cuando llegue a verse frente a su hermana, se encuentra completamente desnuda y “humillada” ante ella.

Ereshkigal nos desnuda de las cosas con que nos hemos adornado, de las cosas mediante las cuales hemos ido construyendo nuestro viejo sentimiento de identidad, nuestra sensación de “estar vivos”. A pesar de ser algo doloroso, el mito nos dice que ésta es una fuerza destructiva que debemos respetar y ante la cual hemos de inclinarnos.

Ereshkigal mata entonces a Inanna y la cuelga de un gancho de carnicero en el mundo subterráneo, y ahí se queda la bella diosa de los cielos pudriéndose. De este modo, hacemos frente a lo que está podrido en nosotros.

Es en este dominio donde nos encontramos con los aspectos más oscuros e indiferenciados de nuestra naturaleza: con las pasiones y obsesiones que nos abruman, con nuestra avidez de poder, con nuestra sensualidad bruta, nuestros celos, nuestra envidia; con nuestra voracidad, con nuestro odio, nuestra cólera y salvajismo, y con nuestras heridas y dolores más primarios.

No podemos ser íntegros mientras todo esto no haya sido llevado a la superficie, transmutado y adecuadamente reintegrado en la psique. No obstante, no debemos olvidar los tesoros escondidos y las riquezas ocultas. Es en la conmoción, donde aquellas partes de nuestra naturaleza que habíamos desconocido y desterrado al inconsciente, son reclamadas para volver a ponerlas a disposición y uso de la conciencia.

Así volvemos a conectarnos con la energía perdida y además ganamos acceso a fuerzas y recursos hasta entonces ignorados y no explotados. Inanna no se queda para siempre en el mundo subterráneo. Como sabía que viajaba a un lugar peligroso, había tomado sus disposiciones para que la liberasen en caso de que se viera en dificultades.

De modo similar, debemos de tener el buen sentido de no quedarnos atascados solamente en lo que la vida tiene de aborrecible o doloroso. Ereshkigal nos aplasta pero debemos volver una vez más al mundo de arriba y al funcionamiento cotidiano de la vida, aunque esperemos que con mayor sabiduría e integridad.

Inanna escapa del mundo subterráneo gracias a la ayuda de dos seres andróginos, los “Plañideros”. Pequeños y discretos, se cuelan en el mundo subterráneo y se acercan a Ereshkigal, que a su vez pasa por grandes dolores. No solo ha perdido a su marido, sino que además está embarazada, y el parto se presenta difícil. Dicho de otra forma, algo ha muerto, pero también algo está renaciendo.

En lugar de castigar a Ereshkigal por todo lo que ha hecho, los Plañideros se le acercan todo lo que pueden y se compadecen de su estado. Es decir, le dan margen para que la diosa del inframundo se queje y grite, devolviéndole la imagen de su sufrimiento y sus dolores.

Tan agradecida queda Ereshkigal al ser aceptada de esta manera que les ofrece cualquier cosa que deseen. Los andróginos le piden que rescate a Inanna y Ereshkigal cumple con su palabra y la revive. Inanna regresa al mundo de arriba, transformada y renovada, llevando consigo una nueva vida para las cosechas y la vegetación.

Ereshkigal destruye la vida, pero es capaz de crear también una nueva vida.

Si puedo ver el dolor y las crisis no como algo malo que se debe evitar a cualquier precio, sino más bien como algo que es parte de un proceso más amplio, que me conduce a la renovación y al nacimiento.

Aceptando que no puedo dominar ni transformar esa parte de mi juzgada, negada o reprimida.

Mi llave de la transformacion reside en la atención y aceptación de mi parte destructiva, conflictiva, dolorosa como proceso de la vida, que posibilita que aparezca la curación. Cuando algo se destruye, también se gana otra cosa.

Cuando me despojo de mí identidad ‘percibo’ otra parte que persiste cuando desaparece todo lo superfluo. Me conecta con la sabiduría de ‘saber’ que hay algo en mí que es indestructible.

Ese algo, me sostiene a pesar de haber perdido todas las ataduras del ego, perdura, esa parte que ha permanecido durante años sepultada en mí inconsciente y que aparece tras vivenciar cómo se desmoronan mis estructuras, toda mi forma de vivir.

Solo cuando soy conciente de ello estoy más cerca de mí esencia.

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2 pensamientos en “Maya

  1. Bravo, hay una frase que me invita a reflexionar: Mi llave de la transformacion reside en la atención y aceptación de mi parte destructiva, conflictiva, dolorosa como proceso de la vida, que posibilita que aparezca la curación. Cuando algo se destruye, también se gana otra cosa.
    ¡Me gusta, sigue así!

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