Muros

Tras altos muros, densos pórticos de hierro, pesadas armaduras y gruesas corazas centellea mi ser.

Se protege de peligros y enemigos étereos, de horribles monstruos, de la muerte, del cambio, de la alquimia. Atemorizada, se esconde bajo capas de falsa seguridad, control, orgullo… Incapaz de abrirse y confiar en el mundo, inventa combates contra dragones de papel. Su herida es tan profunda, el dolor es tan grande que nubla su juicio. De vez en cuando, en alguna noche estrellada; se duerme llorando mientras contempla los astros, en busca de respuestas, sus lágrimas van oxidando la vieja armadura, que se torna rojiza.

Tan solo cuando cae exhausta al final de la jornada puede dormitar, descansa mal, la armadura es muy fría, dura, rígida y ella no piensa en sacársela.

¿Qué pasaría sí…?

¿Podría vivir sin…?

¿Tengo miedo a…?

¿Siento ira?

¿Vacío?

Presa mi alma, la jinete no cesa—vuelve a subir a su caballo— y se dirige de nuevo hacia su castillo de altos muros, cierra su corazón bajo llave, sola y temerosa; con su vieja armadura oxidada, y tantas lágrimas acumuladas; regresa cansada y triste.

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